La ciencia no explica milagros.

Katherine
Escrito por Katherine Gonzalez

Un día me levanté como siempre lo hacía, llena de vida sintiéndome super bien, ese día me fui donde mi hermana que me había invitado a almorzar. Estando ahí me comenzó un dolor de cabeza muy leve y empecé a sentirme débil; entonces decidí regresar a mi casa y descansar, me despedí de los que estaban allí y dije, me voy a descansar porque me siento mal; se burlaron de mí y me dijeron vaya báñese para que se le quite esa pereza, en ese momento sentí una voz que me dijo: es más serio de lo que te imaginas.

Llegando a casa me acosté, mi madre se preocupó y me dio medicamento, pero nada mejoraba. Entre más pasaban las horas más aumentaba el dolor en mi cabeza, hasta llegar al punto que cuando la cambiaba de posición sentía que se me despedazaba por dentro, era un dolor indescriptible.

Al siguiente día en la mañana me llevaron donde el doctor, y el mandándome para la casa con medicamento me dijo que era una fuerte migraña lo que tenia; pasó todo un día y no toleraba la comida y el medicamento no tenia efecto solo vomitaba como una fuente y el dolor continuaba, al ver que no mejoraba y cada vez era peor, decidieron llamar la ambulancia para llevarme una vez más al hospital, al llegar al allí, yo ya no aguantaba más el dolor al punto que solo quería morir y me estaba despidiendo de los que estaban katherine singing.jpgahi, el doctor finalmente me hace exámenes y le dice a mi hermana que lo que yo tenia era Meningitis y que tenían que hacerme un examen que se llama punción lumbar y que era muy serio el caso.

Entonces algien llama a mi Mamá y le comunica lo que era, mama se levanto y doblo rodillas y dijo No, mi hija no tiene eso y no sucedera, era ya cerca de la media noche, y en ese momento mi mama se levanto y doblo rodillas y dijo No, mi hija no tiene eso y no va a morir y orando declare y crei a Dios en fe por mi sanidad.

No pasaron muchas horas cuando el doctor decidió mandarme a otro hospital para comenzar el proceso. Saliendo de allí inmediatamente pasando las puertas de ese hospital sentí un alivio y un refrescamiento como nunca antes, como si nada hubiera sucedido de todos modos me llevaron al otro hospital, me hicieron exámenes otra vez y salieron limpios, normales, sin nada que temer. En ese mismo instante llamamos al doctor para contarle el milagro y decirle lo que había sucedido y lo que Dios había hecho en mi vida; su rupuesta fue “verdaderamente es un milagro de Dios” porque yo la mande muy mal para allá y el examen había dado positivo.

Gloria a Dios, cuando Dios hace un milagro hasta la ciencia tiene que reconocer que fue hecho por Dios.

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